Parábola de la guayaba.
Cierto joven salió al patio de su casa y allí tenían un gran árbol de guayaba. Cuando este joven lo miró, pudo observar una guayaba madura y de gran tamaño y dispuso bajarla para comérsela. Tomó una piedra y la tiró hacia la guayaba, pero no pudo darle. Así intentó una y otra vez con varias piedras más, sin poder lograrlo.
De repente, este joven miró hacia la cúspide del árbol, que por cierto era bastante alto, y vio la guayaba más grande y madura que podía tener aquel árbol. El joven no quería irse con las manos vacías, así que sólo tomó una piedra y la lanzó con tal precisión que aquel fruto cayó del árbol a las manos del joven.
¿Por qué este joven se parece tanto a nosotros? ¿Y en qué?
En que muchas veces intentamos buscar la felicidad u “obtener la bendición” con la persona equivocada y buscamos todas las formas de quedarnos con lo que queremos, ignorando totalmente que Dios no quiere esa persona para nosotros.
¿Cuántas veces te has equivocado con alguien, pero aún así quieres estar con ese o esa que no te conviene? ¿Cuántas veces te has estrellado?
Estas preguntas deben hacerte reflexionar y también hacerte entrar en razón de que si quieres tener éxito en tus emociones, no trates de intentar una y otra vez con una persona que no te conviene. Sabe esto, que si las cosas no salieron bien una vez, nunca irán a salir bien. Dios siempre, escúchalo bien, SIEMPRE está mirando más alto que nosotros y tiene la mejor persona para ti y sólo bastará un intento para recibir lo que queremos.
(Tomado de una anécdota contada por el Pastor César Castellanos de la Misión Carismática Internacional. Bogotá, Colombia)
Éxitos y espero que compartas con muchos esta reflexión.
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