Cuando los defectos bajan tu autoestima… Dios te ama como eres
¿Recuerdas la vez que te miraste al espejo tratando de meter los rollitos, sacarte las espinillas, mirarte los dientes, contemplar tus músculos, mirar tus glúteos o simplemente buscar algún error escondido en tu cuerpo que te hacía ver mal?
En nuestra juventud y nuestra adolescencia, por lo general, tenemos un defecto que nos hace trasnochar; una cicatriz, un ojo desviado, cabello rebelde, un diente partido, sea cual sea el defecto logra hacernos sentir mal e inferior a los demás, el culto a la personalidad desatado en estos tiempos hace que tratemos por todos los medios, no tener error alguno en nuestro cuerpo.
Cirugías van y vienen, tratamientos faciales y capilares son ofrecidos por doquier, tintes, shampoo, acondicionadores, mascarillas y enjuagues son buscados por las chicas, la gelatina reafirmante, la colonia irresistible, el efecto axe, los brakers de colores son buscados por los chicos. Cada día anhelamos ser mejores, vernos como la estrella o la figura del momento, y si no lo logramos, nos sentimos muy mal.
Podemos tener unos buenos zapatos los cuales le costaron una considerable cantidad de dinero a nuestros padres, pero si salió Pepito Pérez con unos nuevos zapatos, los nuestros ya no valen nada y nos sentimos mal, si no tenemos los de rueditas, los de moda, es una tragedia familiar.
Sin hablar de los celulares el de última generación, el de cámara, que se conecta a Internet, graba, escanea, baila, alumbra y hasta te puede salvar la vida. Si no tienes un celular de esos, no estás en nada, no vales nada; el universo se unió en contra tuya para no darte uno de ellos y te dio el peor celular de tu clase, de tu universidad o de tu trabajo, el peor, ese lo tienes tú.
Eres diferente
El mundo ha tratado de medirnos y darnos valor por lo que tenemos y proyectamos, o por lo que tiene nuestra familia, si no tienes carro no estás en nada; si tus padres no tienen carro ahí sí que no existes; si vives en un barrio no eres ni siquiera de la ciudad donde vives, eres un extraterrestre que aterrizó allí.
Si eres hombre y no tienes novia, tal vez eres “extraño”, si eres mujer y tienes novio tal vez no sea sólo tu novio, es tu pareja.
Pero déjame decirte algo, en esta oportunidad Dios tiene una tremenda palabra para ti joven amigo: Si eres un marciano, si eres lo más odiado del mundo, si eres extraño, si eres diferente, si aterrizaste aquí por voluntad de Dios, si dices ser cristiano, si crees haber recibido a Cristo en tu corazón un día, no eres normal.
El mundo te odia porque no eres de este mundo (Juan 17:14). A los jóvenes que no tienen a Jesucristo en su corazón les duele saber que a ti no te importa un pito, tu pelo, tus gorditos, tu cicatriz, tu nariz larga y los defectos que a ellos les trasnocha. A ti no te preocupan superficialidades, no te preocupa agradar a los demás, si te preocupara no serías siervo de Cristo (Gálatas1:10), para los seguidores de Jesús hay cosas más importantes que estar sintiéndose mal, o menos que los demás.
Creados con gran valor
Efesios 2:10 te dice que eres hechura de Dios, ¿haría Dios algo mal? ¿O algo imperfecto? ¿O una vida menos que otra? y además te dice que eres creado en Cristo Jesús, para “buenas obras”, las cuales Dios te preparó de antemano para que anduvieses en ellas. Antes que nacieras Dios había predestinado que serías de buenas obras, que tendrías un valor único e inigualable, te preparó una vida llena de bendiciones para que tú anduvieses en ella.
A los seguidores de Jesús no nos afectan las vanalidades y los temas que no son de real importancia no nos interesan, nuestra autoestima está en Dios, valemos para Él y eso nos importa más que cualquier otra cosa.
Si eres gordito, flaquita, feito, negrita o bajito, anímate, Dios te hace único, una persona llena de bendiciones y de grandes retos para conquistar en Cristo Jesús, en Él todo lo puedes porque te fortalece día a día. (Fil. 4:13).
Cuando critiquen tu vida, tu familia, tu estatus social, tus recursos, tu ropa o cualquier cosa que se les antoje, anímate Dios está haciendo grandes cosas con tu vida, Dios está colocando en el corazón de tus amigos que eres diferente y hay algo dentro de ti que transforma.
Eres más que vencedor
Ahora a partir de ese momento es tu deber vivir una vida para Dios, prepararte en su palabra, orar, crecer y mantenerte en su verdad, ser un testimonio vivo de Jesús. Ya Dios hizo lo primero, ahora con la ayuda del Espíritu Santo tú harás lo segundo, poder compartirle -a aquel que te critica- que hay una forma diferente de vivir, que aunque no reúnas los requisitos del mundo y estás por debajo de la figura perfecta que ofrece MTV y la televisión, tienes a Cristo que transforma tu vida y la llena de plenitud, que no te hace falta agradar a nadie, ni la aprobación de nadie, porque ya fuiste aprobado por Dios, ahora mantente aprobado sin nada de qué avergonzarte (2 Tim 2:15), porque si pasas la prueba de Dios, Él mismo se encargará de darte honra ante los hombres por más errores que te digan que tienes.
Recuérdalo, en Cristo eres más que vencedor, si Jesús está en tu vida nada más te debe importar, no te sientas mal; no te sientas menos que los demás. Tú vales para Dios, todos tenemos un defecto, pero delante de Dios lo único que importa es tu corazón, lo físico desaparece, lo espiritual permanece por la eternidad.
Sonríe
Por qué Eva nunca trabajó - Porque vivió a costillas de Adán.
¿Cuál es el texto favorito de los boxeadores? - Mejor es dar que recibir.
Una familia salía de la iglesia. La hija le preguntó a su hermano: “¿Por qué debemos estar callados durante el servicio?” su hermano, le contestó: “Porque hay gente durmiendo.”
Palabra de vida
Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que trace bien la palabra de verdad. 2ª Tim 2:15
NORVEY RODRIGUEZ
Comunicador y consejero
norveyrodriguez@hotmail.com
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Es impresionante, cuando uno deja que Dios haga en nuestra vida lo que él quiere, su propósito; realmente grandes cosas suceden. Cuando tomamos en cuenta que Dios no mira tu físico, sino tu corazón, miramos las cosas de otra manera.
Recuerdo que siendo niña tenía mi cabello muy feo, nadie me lo decía, pero para mi era horrible. Hasta que un día, siendo adolescente tomé la decisión de ver mi cabello de otra manera, y es impresionante cómo cambió. Le dije a Dios que mi cabello era de él y que quería estar contenta con lo que me había dado. Y Dios fue cambiándolo, ahora no es ni la cuarta parte de cuándo lo tenía como niña. Sé que él me ama igual con el cabello de niña, al que tengo ahora. Sólo que él también quiere que uno se sienta bien. Pero hasta esas cosas tan insignificantes para algunos, hay que dejárselas a Dios.
Gracias Norvey, y sí es cierto, lo espiritual siempre permanece mientras que lo físico se va envejeciendo y jamás será igual.
Dios te bendiga, mucho