“LA PREMINENCIA DEL AMOR”
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbralo que retiñe.
Y si tuviese profecía y entendiera todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe de manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.” (1 Corintios 13:1,2)
¿Quién no anhela tener dones espirituales?, desde el joven que se sienta en el último banco de la congregación hasta el pastor o reverendo más encumbrado quiere tener los preciosos dones, profecía, lenguas, ciencias, apostolado, etc.; etc.; etc.; pero la mayoría olvida el “don supremo”.
Para ver que estamos en lo cierto, es suficiente echar una mirada a la palabra del Señor que nos dice, que por haberse multiplicado la maldad, el AMOR de muchos se enfriará, es decir comenzarán a ser cristianos sin amor, o con muy poco de él.
El maestro dejó prueba de su amor, su vida es una carta abierta a todo aquel que la quiera leer, y a través de ella expresar su amor; siempre digo, aprendamos del maestro, todas las muestras que dejo de su amor, para que tu y yo nos llenemos mas y mas de El.
La mayor victoria que puede tener un hijo de Dios en su vida; es estar lleno de AMOR, una vida llena de AMOR, se nota en todos los aspecto, porque el amor obra en su vida un cambio rotundo, y esa persona destila el amor de Dios, con tan solo leerlo o escucharlo el amor inunda nuestro corazón, porque no es el amor carnal, no es amor interesado, no es el amor egoísta o mezquino, es el AMOR DE DIOS, y en esto conocerá el mundo que somos sus hijos, si tenemos el amor de Dios en nosotros.
Leyendo en el libro de hechos de los apóstoles, comenzamos a ver la vida de nuestros primeros hermanos, nos cuenta la Biblia que tenían todas las cosas en común y juntos perseveraban en el templo alabando y glorificando a Dios. Esas actividades es como que ya han pasado de moda, ¿qué crees tú? ¿No será que nosotros somos los que hemos cambiado? En realidad nuestro Dios permanece fiel, y sigue esperando a que nos demos cuenta de que estamos equivocados, y sin darnos cuenta nos estamos alejando del camino verdadero, y buscamos muchas veces sendas… más cómodas.
Hoy es muy raro ver a algún hermano que obre conforme a como lo hacia Cristo, cada uno se encuentra abocado y empeñado en lo suyo, afanado en llegar a una meta, deja o no pone cuidado de las necesidades de algún hermano, cada uno cuida su propia quintita, cada quien quiere sacar mas tajadas de donde sea, y muchas veces pisoteando y vituperando la sangre preciosa de nuestro Señor, a sus propios hermanos en la fe, y menospreciando el sacrificio del calvario. Se olvidan de las palabras del maestro donde dice: “Por cuanto sé lo hicisteis a uno de vuestros hermanos, a Mí me lo hicisteis”.
Recuerdo las palabras del libro del apóstol Santiago capitulo 4:4 donde dice; “LA AMISTAD DEL MUNDO ES ENEMISTAD CONTRA DIOS, CUALQUIERA QUE QUIERA SER AMIGO DEL MUNDO, SE CONSTITUYE ENEMIGO DE DIOS”.
Esta es una de las principales causas del enfriamiento del amor, porque no puede convivir el amor de Dios, en un corazón que está siendo bombardeado por cosas de este mundo, la luz no puede convivir con la tinieblas. De una misma fuente no puede salir agua dulce y agua salada. O sale dulce, o sale agua salada.
La mundanalidad se introduce en el corazón del cristiano que le da cabida, y comienza a hacer efecto al igual que una droga, la persona comienza a cambiar, así como el drogado pierde sus facultades estando en ese estado; así también el cristiano que le da lugar a la mundanalidad, comienza a perder el amor, el amor de Dios, se comienza a enfriar, y así como el metal que estando frío se pone duro o sólido, así el corazón de esa persona, y muchas veces se pone tan duro, que ya nada le entra, ni siquiera el cuento de caperucita roja, se pone frío y ya nada puede sentir, todo le resbala, las palabras le rebotan. El mundo entró a morar en su corazón y así como cuando uno entra a tomar posesión de una casa y la limpia, la decora y la habita, así también hace la mundanalidad.
Lo primero que quita es el amor de Dios, y llena ese corazón de odio, de desconfianza, de rencor, de ira, de enojos y otras cualidades mas que hacen incluso que la persona cambie hasta el semblante, perdiendo la inocencia de Cristo, y comenzando a usar la astucia del mundo en todos sus actos tratando por todos los medios salirse con la suya y sentirse favorecido y satisfecho. Cuando esto sucede solo el eterno amor de nuestro Dios, puede cambiar esa vida, siempre y cuando “ÉSTE” le de lugar.
Cuando el Espíritu Santo toca esa vida y este reconoce el error, allí puede obrar, pero tiene que haber un reconocimiento, una humillación para luego ser exaltado. Pero, ¿de qué sirve una vida llena de cosas si el amor de Dios no está presente? Es menester, por no decir es preciso y urgente volver al primer amor; a aquel amor en donde todo lo soportábamos, todo lo creíamos, todo lo sufríamos, todo lo compartíamos. Es muy necesario volver a ese amor, de nada sirve que tengamos preciosos dones espirituales, o seamos muy poderosos, o muy inteligentes, o muy ricos materialmente, si no está el amor de Dios en nuestra vida. No sirve de nada que des tu diezmo si no lo das con amor, o que vayas seguido a la congregación y le cierres la mano a tu hermano que necesita de ti, por eso recordemos la palabra del Señor en Apocalipsis 2:4 “Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor”.
Tan sólo cerca muy cerca de ti está la llave que abrirá la ventana de los cielos y el señor derramara bendiciones que sobreabundará en tu vida, El humillarte con fe ante los pies de JESUS. Reconocer lo equivocado que estas. Si nosotros siendo padres, cuando uno de nuestros hijos viene y se humilla ante nosotros, con lágrimas en los ojos y nos pide perdón, ¿no abrimos nuestro corazón y le amamos más, perdonando todas sus faltas? ¿Cuánto mayor será nuestro Dios con alguno de sus hijos que se humilla pidiéndole perdón?
Si estás obrando conforme a la voluntad de Dios, bienaventurado eres, pero sino lo estas haciendo, hoy tienes una oportunidad, no la dejes pasar, puede que mañana sea tarde y no lo puedas hacer.
DIOS ES AMOR.
Dios te bendiga ricamente.
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